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La falta de deseo en las relaciones sexuales

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La falta de deseo en las relaciones sexuales

La sexualidad es muy diversa según cada pareja. Hay que tener en cuenta que el sexo no sólo es penetración, también caricias, besos, masturbaciones y los mal llamados “preliminares”. Nadie debe determinar qué número de veces es “normal” para tener relaciones sexuales. El conflicto muchas veces surge cuando unas de las partes es más demandante que la otra. La comunicación y la empatía nos ayudarán a ponernos en el lugar de la otra persona. Preguntémonos si la situación se prolonga y hasta qué punto supone un conflicto para nuestra vida y satisfacción afectivo-sexual. En casos de larga duración podemos consultar a un/a profesional. Los motivos más habituales suelen ser los siguientes:

Motivos biológicos/físicos/fisiológicos

Son los primeros que debemos descartar, ya que la mayoría se pueden solucionar yendo al médico/a. Si las dificultades se presentan también a solas y con varias parejas sexuales, puede tratarse de un tema físico. La diabetes, hipertensión y otras enfermedades hacen que nuestro riego sanguíneo no esté funcionando bien para facilitar la descarga que requiere el orgasmo y esto nos desanime. La toma de ciertas pastillas también produce efectos en nuestro sistema nervioso o desarreglos hormonales (sobre todo si influyen en la testosterona). Es el caso de algunos antidepresivos, ansiolíticos y las antiguas píldoras anticonceptivas (las de nueva generación no suelen tener ese efecto secundario), que están detrás de dichas fluctuaciones en nuestra libido. Pero en muchas ocasiones achacamos a causas físicas lo que en realidad es propiamente originado por la depresión, el cambio en el estilo de vida, el mal funcionamiento de la pareja u otros motivos que veremos más abajo. Por último, la dispareunia, o dolor al recibir penetración, debe investigarse médicamente. No así el vaginismo, contracción involuntaria de los músculos vaginales, que si bien una vez cerrados se sufre dolor, suele responder a causas psicológicas.

Motivos psicológicos

Nuestro estado de ánimo influye. Un estado depresivo o de ansiedad paraliza la respuesta sexual. Por otro lado, si la pareja va mal, el sexo se resiente. Se vuelve un campo de batalla de venganzas, castigos, resentimientos y silencios. Tal vez un/a miembro de la pareja tiene demasiado cansancio por el estrés del trabajo, las tareas no compartidas de la casa y el cuidado de hijos/as. Quizá hubo una infidelidad no perdonada. O falta comunicación para pedir lo que realmente se quiere. Muchas veces los hombres ocultan su miedo a no dar la talla. Y las mujeres no piensan lo suficiente en ellas mismas o conservan complejos y vergüenzas, entre otras cosas, con respecto a su cuerpo. El miedo a perder el control, entregarse a la intimidad, dejarse ver en una situación tan expuesta o querer satisfacer al otro/a, nos impide pensar en nuestro propio placer. ¿Dices que sí cuando piensas que no? ¿Finges? La rutina y no dedicar tiempo a la pareja, especialmente en relaciones largas, también influyen en el deseo.

Motivos socio-educacionales

Una educación represora respecto al sexo provoca miedos, tabúes y pensamientos culpabilizadores que dificultan la comunicación, la intimidad, la confianza y la entrega necesarias para perder el miedo a una relación sexual y liberarnos para participar sin prejuicios sobre la moralidad. En el caso de las mujeres, muchas veces hemos aprendido que estaba mal visto mostrarnos como demasiado deseantes o atrevidas, o por el contrario, queremos satisfacer tanto que realizamos prácticas genitales a toda costa sin pensar en otras partes del cuerpo. Tal vez nos han metido en la cabeza demasiada presión para no quedarnos embarazadas, no contraer enfermedades o sufrir abusos y no sabemos cómo obtener placer. A su vez, los hombres han aprendido que deben estar dispuestos en todo momento, pero ellos también pueden no desear en varios momentos. Si reciben presión a ese respecto, a la larga pueden presentar también disfunciones sexuales.

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